El maestro forma con su vida, con su biografía, con lo que es como ser en sociedad, con su origen y sus luchas, sus derrotas y sus conquistas, con las oportunidades -pocas o muchas- que ha tenido y con la manera como las ha aprovechado; educa con su manera de integrarse de forma plena o de manera precaria en la modernidad, en los espacios de la sociedad o, dicho de manera más precisa, con las oportunidades reales que la sociedad le ofrece para transformase en un ser moderno o con las que le niega o aparenta brindarle.

Es por ello que en el proceso de cambio, es neurálgico el rol investigador, innovador y reflexivo del maestro. Así como afirma Assael (1996: 46-52) que: “El cambio de la función del profesor y de la organización del trabajo docente exige, que el proceso de innovación requiere ser asumido a partir de una reflexión crítica sobre las prácticas pedagógicas institucionalizadas”. Es decir, que los profesores investiguen los problemas pedagógicos que enfrentan en su práctica cotidiana, y con el aporte de teorías pedagógicas, intenten comprenderlos en su complejidad para elaborar nuevos conocimientos que les permitan abordar dichos problemas con estrategias diversas.

Por su parte Briones (2000: 144-145) afirmaba que: “El profesor de aula debe comprometerse directamente con la investigación que se refiera a su labor como educador. Al respecto, pienso que ese compromiso y acción debería tomar las siguientes formas: a) el profesor reflexivo, la investigación-acción; b) el profesor como usuario de los resultados de la investigación educativa; c) el profesor como investigador individual, es decir, el profesor-investigador, y d) el profesor como participante en equipos de investigación” .

Mientras que, Braslavsky (1999: 114) considera que: “Reinventar la profesión docente exige tener cierta claridad respecto al destino, y propone cinco competencias, entre las que se encuentra la productiva, que permiten comprender e intervenir como sujetos en el mundo”.

He aquí reconocemos a los maestros o profesores que realizan innovación o investigación; pero sin dejar de ejercer su oficio diariamente en las aulas y en las instituciones escolares de educación inicial, básica o media, han asumido un papel reflexivo sobre su propia práctica y sobre la de su institución, y se han comprometido a realizar cambios significativos para ellos y para sus estudiantes, o a adelantar procesos sistemáticos de estudio y análisis de las prácticas o de los mismos cambios, con miras a producir un conocimiento que, rebasando las fronteras de su propio trabajo, sirva para comprender diversos significados de la educación o para alentar cambios en otros contextos. En este sentido, han asumido un liderazgo intelectual que transforma la práctica y sirve para alimentar la teoría de una disciplina que justamente tiene como criterios de validez del conocimiento la contrastación con la vida y no solamente la explicación de los fenómenos.

Este reto es el que tiene que afrontar el maestro contemporáneo y con las armas de pedagogo investigador e innovador hacer de la educación una tarea práctica, útil, transformadora y protagónica. Y parafraseando a (Manuel Oyague Vargas,2002: 55) en cuanto al nuevo maestro, éste postula que: “La práctica pedagógica del maestro debe relacionar el ser con el conocer”. Por cuanto, construir ese nuevo maestro, implica tomar como punto de partida y de llegada, el desarrollo de actitudes investigadoras en los actuales y nuevos maestros.

En tal circunstancia para redefinir el rol del nuevo maestro que el encargo social en este siglo exige; según Oyague, (2002:63), éste diría: “El maestro moderno debe impregnar las siguientes características: Ser abierto a la realidad del presente, a los adelantos mundiales y tener visión de futuro”, es decir, un profesional con una filosofía que trascienda más allá de lo empírico, de lo cotidiano o del sentido común en las aulas; tienen que constituirse en agentes que logren vincular a través de experiencia, la ciencia con la vida, la cultura académica con la cultura pública (escuela con la comunidad), el pasado con el presente, el conocimiento humanístico con el científico, el pensamiento con la razón y la tecnología con el arte. Es más, tiene que adoptar actitudes de reflexión de los diversos paradigmas del conocimiento, buscar mejorar los resultados en el aprendizaje con características claras de autonomía, permanencia y creatividad a través de la investigación y la innovación de la enseñanza; implementar como instrumento fundamental de la práctica pedagógica el enfoque interdisciplinar y transdisciplinar; ya que no se puede seguir pensando en que el conocimiento es acabado y único; mas por el contrario se tiene que atender la necesidad de desarrollar en el niño, su integralidad multidimensional (cognitiva. Afectiva, creativa, filosófica, lúdica, social, política, etc) y así poder comprender la complejidad del universo y la relatividad del conocimiento.

Mag. Jorge Espinoza Fernández