Actualmente existe una confusión en cuanto a la denominación del fenómeno televisivo que a absorbido a multitudes desde hace más de medio siglo; sin embargo, debemos aclarar que por más impactante que haya sido y con actual vigencia, no se puede mal llamar. De ahí que una cosa es las novelas (especie literaria del género narrativo) y lo otro es, las telenovelas.
La telenovela tiene más de cuarenta años de existencia. Nación en Cuba en 1952 con “sendero de amor”, una historia escrita por Mario Barrol que se convirtió en un éxito en todo el continente.
Al comienzo, la telenovela fue rechazada por los intelectuales, que la consideraban un género inferior, sin embargo, poco a poco, fue copando espacios y, en algunos casos, reemplazando a las novelas. Gabriel García Márquez fue quizás, el primero de los intelectuales en confesar su afición por las telenovelas y hasta llegó a decir que le encantaría hacer guiones para alguna de ellas, porque en esta época tiene mucho mayor llegada que los libros. Obviamente, después de las declaraciones del escritor colombiano, los “cultos” comenzaron a ver con mayor benevolencia las historias que acaparaban la atención de las grandes mayorías, descubrieron la magia que éstas tenían y se rindieron ante ella.
Actualmente, las telenovelas ocupan siete u ocho horas diarias de programaciones de los países de Latinoamérica. Tiene un público de nada menos de 1600 millones e televidentes, que ven desde las edades rurales de la sierra peruana hasta las lejanas tierras de Medio Oriente, Europa o China, lugares donde actrices como Lupita Ferrer, verónica Castro o Andrea del Boca son considerados como grandes heroínas.
Y es que la telenovela es un género netamente latinoamericano, que ha tratado de ser imitado, incluso, por los grandes productores norteamericanos, que no han logrado el mismo efecto, ya que el resultado de sus experimentos son la teleseries que vemos a menudo, con historias truculentas en las que el sexo y el poder son sus principales elementos. La premisa latinoamericana es más simple, pero no por eso menos exitosa. Se trata de la vieja historia de la Cenicienta que se enamora de un príncipe azul, y que se adapta a nuestra época es una muchacha humilde (de preferencia la empleada de la casa) que realiza su amor con un joven guapo y rico. La fórmula se ha repetido mil veces, con algunas variantes y jamás ha fallado: “Simplemente María”, “Natacha”, “Rosa de lejos”, “María Mercedes”, “Marimar”, “Los ricos también lloran”, “Rosa salvaje”, “Marisol”, “Guadalupe”, etc. Son algunos de los nombres de este tipo de historias que han cultivado a millones de de televidentes de todo el mundo.
La telenovela es considerada el vehículo de comunicación más poderoso, ha sido objeto de debates y conferencias e incluso reestudios sociológicos que han determinado que es todo un fenómeno social que produce satisfacciones reales en personas que, de otra manera, no podrían sentir jamás la sensación de triunfo del amor correspondido.
Pese a que últimamente ha aparecido una corriente realista (indicada por los brasileños) que trata de reflejar con mayor crudeza las injusticias o la corrupción de nuestras sociedades, los académicos (que ahora se ocupan de éste género) asegura que es conveniente incluir algo de fantasía, para que estas historias puedan servir de válvula de escape al ritmo estresante de la vida real, de lo contrario sólo servirá para generar más angustia.
Mag. Jorge E. Espinoza Fernández
* Tomado de: “Lenguaje “ I – Mariella Quipas Bellizza

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